Gabriela Garton: arquera de la Selección, socióloga y feminista

Jugadora del equipo que nos representa en el Mundial de Francia, investigadora del CONICET y futura doctora.

Gabriela Garton es arquera de la Selección de Fútbol, pero también becaria doctoral del CONICET. Publicó el libro Guerreras, Fútbol, mujeres y poder en la editorial Capital Intelectual, donde desmenuza desde adentro el mundo del deporte jugado por mujeres. Para eso, aprovechó su lugar como jugadora del UAI Urquiza y su larguísima experiencia en las canchas de la Argentina y de su país de nacimiento, los Estados Unidos.

A los ocho años, sus padres (es hija de un estadounidense y una argentina) la inscribieron en la liga local de fútbol de la ciudad donde vivían, en el estado de Florida. En el último año de la secundaria, fue reclutada para jugar a nivel universitario y terminó su carrera de Estudios Hispanos, en la Rice University con una beca deportiva.

«Solo un porcentaje mínimo sigue su carrera deportiva en los Estados Unidos después de recibirse», señala Gabriela. «Por eso, muchas emigran a otros países«.

Gabriela fue detectada por el entrenador de la selección argentina, que se enteró de que estaba por naturalizarse. Así, volvió al país del que su mamá había emigrado cuando era joven y se zambulló en un mundo totalmente diferente. Desorganización, falta de instalaciones adecuadas, falta de interés de la federación y posicionamientos machistas de la sociedad en general y de sus propias familias eran algunos de los obstáculos que tenía que enfrentar no solo ella, sino todas las deportistas. Emprendió una investigación en su doble rol de integrante de un equipo y observadora y analista. La confianza con sus colegas y los dirigentes le facilitó la tarea .

La arquera yfutura doctora en Sociologíahabló con TN.com.ar desde París, donde está concentrada.

– ¿Cuál es el principal estereotipo que sufren las jugadoras de fútbol?

– Hay varios, pero históricamente el más común era el de ‘marimacho’, el de ‘lesbiana’. Se decía que solamente las mujeres ‘machonas’ podían jugar al fútbol. Eso no existe ya, por lo menos de manera predominante. Son pocos los que piensan así ahora en la Argentina. Pero sí se cree que las mujeres no tienen la misma pasión que los varones, que no pueden llegar a jugar en el mismo nivel, que genere atracción para mirar. Sigue habiendo comentarios en las redes sociales que dicen «Es preferible que esténlavando los platos. No queremos noticias del equipo femenino».

Muestran imágenes donde se enfatizan los pechos, el trasero, ciertas partes del cuerpo más sexualizadas.

– ¿Qué relación tiene el fútbol con la construcción de la hegemonía cultural nacional masculina?

– El fútbol ha sido sido un deporte importantísimo en la construcción de una masculinidad nacional. Pablo Alabarces (sociólogo) es el que más trata ese tema junto con sus colegas Marchetti y Freidenberg. Ellos ven que desde un principio el fútbol fue un mecanismo para generar lazos sociales entre los varones, sobre todo en los clubes. En los estudios sociales que se hacen sobre la violencia en las hinchadas, sobre las barrabravas, se ve que se va construyendo ahí un tipo de masculinidad asociada al fútbol, que se constituye también como deporte nacional. Pero esa construcción de la masculinidad fue una de las principales barreras a la entrada de las mujeres a ese deporte. Sin embargo, en el último año y medio esa entrada que era antes imposible, esa barrera infranqueable, ya se está derribando, poco a poco.

– Decís en el libro que los medios trivializan los logros de las futbolistas. ¿De qué manera?

– Los medios de comunicación tienen muchos mecanismos para trivializar a las deportistas, no solo a las futbolistas. Una de las maneras es transformarlas en un objeto sexual. Por ejemplo, mostrando imágenes donde se enfatizan los pechos, el trasero, ciertas partes del cuerpo más sexualizadas. También hablando de su rol fuera de la cancha: si es  madre, esposa, hija, novia… Eso les quita importancia a los logros deportivos de la jugadora. Otro mecanismo negativo es la forma en que se transmiten los partidos: con una toma muy plana, que no permite que el juego se disfrute de la misma manera que los partidos masculinos, que se televisan con tomas de acción, de cerca, primeros planos que hacen que el partido sea mucho mas dinámico. Se trata de una construcción de un espectáculo de manera diferente a como una lo vive en la cancha, obviamente, pero no se hace en el caso de los partidos de mujeres.

-¿Hay una contradicción entre la exigencia de los clubes y el amateurismo en el que vienen jugando? ¿Es excesiva?

– Hay una falta de claridad, un doble estándar. Para el club, las jugadoras son amateurs cuando reclaman derechos y profesionales cuando les piden dedicación y rendimiento, cuando al club le conviene. A las jugadoras, sobre todo en clubes como UAI Urquiza o Boca, donde cobran un viático aunque sea mínimo e insuficiente, donde dependen del club para su vivienda, les cuesta reclamar. Y se da eso de que un club le puede negar el pase a una jugadora que se quiere ir del club, o al revés, dejarla libre para traer a otra jugadora. Si la deja libre de un día para el otro, ella se queda sin vivienda, sin trabajo si es un empleo que le consiguió la institución, o sin beca para estudiar. Se queda sin nada de nada, y no tiene recursos para que la representen legalmente , para defenderse. Ahora, con la profesionalización, a partir de agosto las va a asesorar gratuitamente Futbolistas Argentinos Agremiados, y eso es un avance.

Está mal que la mujer renuncie a la vida familiar, pero nadie les reclama a los jugadores que pasan muchos días o meses lejos de sus hijos.

– ¿Hay miedo por parte de las jugadoras a reclamar mejores condiciones por temor a que los clubes den de baja la actividad?

– Sí, miedo a que los clubes den de baja el fútbol femenino o a hablar y que como represalia las dejen libres. Por eso la importancia de ir siempre juntas en los reclamos. Es fundamental la unidad. Hubo varios casos de clubes que dejaron de tener la actividad no sé si por los reclamos de las jugadoras o porque no les interesaba tanto y era un gasto que no representaba para ellos ninguna posibilidad de generar ganancias. Es cierto que cuanto más te da un club, más difícil es hablar o criticar. En el caso de Maca Sánchezcuando el UAI la dejó libre, para las que estaban más enteradas, eso tuvo que ver con su forma abierta de criticar no solamente al club, sino a la AFA. Maca denunciaba las condiciones en las que estaban las jugadoras. Si el club te da algo, que en comparación con los demás clubes es un montón (UAI es uno de los clubes que más invierte y apoya la actividad), decir algo negativo en público no se tolera. Hay jugadoras que se pasan de un club que no da nada a otro que les da un poquito más y eso les genera un sentido de pertenencia, pero también de dependencia.

Para el club las jugadoras son amateurs cuando reclaman derechos y profesionales cuando les piden dedicación y rendimiento.

-¿Cómo se sostienen económicamente las jugadoras si incluso los viáticos son insuficientes para vivir ?

– Las jugadoras que todavía no son profesionales suelen tener trabajos part time, estilo changa. Si pueden, las ayudan los parientes. Si quieren mantener un buen nivel deportivo, por los horarios de los entrenamientos, no pueden asumir empleos de tiempo completo. Una compañera de la Selección que vive en el interior perdió su trabajo y no pudo conseguir otro porque tenía que viajar a Buenos Aires para entrenar y a veces afuera para jugar. Así que se sostiene con lo que cobra en la Selección, que es poco y nada, y con lo que recibe en los viajes, que es un poco más pero no lo necesario para vivir. Hay que ver ahora, con los contratos profesionales, cómo va a ser la convivencia en el mismo equipo entre las jugadoras que estarán cobrando por jugar ( 8 por equipo, según las disposiciones de la AFA) y las que van a seguir siendo amateurs.

– ¿Por qué a las jugadoras mujeres siempre se les pregunta por su renunciamiento a la vida familiar y a los varones no?

– Es la expresión de un machismo estructural. Se supone que está mal que la mujer renuncie a la vida familiar, pero nadie les reclama a los jugadores que pasan muchos días o meses fuera de sus casas, lejos de sus hijos. Incluso, muchos no se casan ni tienen familias. No reciben nunca las mismas críticas que mi compañera Vanina Correa, que tiene mellizos y escucha preguntas del tipo ‘¿Cómo podés dejar a tus chiquitos tanto tiempo solos?’ Es un cuestionamiento que recibo yo también, porque dejo mucho tiempo a mi marido. Y no son preguntas que se les hagan a los varones, es más aceptable que un hombre sacrifique su vida familiar que que lo haga una mujer por su trabajo, su pasión. También tiene que ver con que ni siquiera en los países donde el fútbol femenino está profesionalizado como en Inglaterra, se ve realmente como un trabajo, como una fuente de ingresos.

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