Alberto Fernández: El armador que abandonó a los K, se reconcilió y volvió como Presidente

Siente que fue kirchnerista antes de que el kirchnerismo existiera. Se define como peronista liberal-progresista. Rompió con muchos espacios

En el desayuno del 9 de agosto de 2000, en un bar de Corrientes y Callao de la Capital Federal, Alberto Fernández formalizó ante Néstor Kirchner su ruptura con el bloque de legisladores porteños de Domingo Cavallo y se terminó de enrolar en las huestes del gobernador de Santa Cruz, que casi no tenía referencias fuera de su provincia.

Se transforma así en el primer kirchnerista antes de que el kirchnerismo existiera. Ya venía trabajando con él en el grupo Calafate, el germen del Frente para la Victoria.

Fernández, un abogado de 60 de años, cultivó el pragmatismo del peronismo, se ubicó del lado progresista en ese ecléctico movimiento político y rompió con varios de los espacios que lo contuvieron aunque siempre dejó puentes que le permitieron reconstruir esos lazos. Nunca sus rupturas fueron definitivas.

Él mismo se define como “liberal de izquierda”, integrante de “la rama del liberalismo progresista del peronismo”.

Hizo su carrera más como armador que como conductor, tal es así que la candidatura presidencial fue la segunda nominación a un cargo electivo, después de haber sido legislador porteño. No hay antecedentes de tan pocas candidaturas previas a la máxima magistratura desde el regreso de la democracia.

Moviéndose en esos amplios espacios ideológicos del peronismo, imaginó –junto a Néstor Kirchner– la construcción de un movimiento político superador con aquella famosa transversalidad, pero terminaron abrevando en las estructuras tradicionales del PJ.

Tan clave fue lo de dejar vínculos con aquellos con los iba rompiendo que el café que compartió con Cristina Fernández de Kirchner en el piso de Recoleta de la ex presidenta, una mañana de diciembre de 2018, se transformó en el paso político más importante de su carrera. Esa reconciliación le abrió el camino hacia la Presidencia que asumirá en menos de dos meses.

Alberto bajó el ascensor del edificio de Juncal y Uruguay mandando mensajes a sus amigos. Les decía que sentía que se había sacado un peso de encima. Y cuando le preguntaban cómo había sido la reunión, les respondía que la evocación a Néstor fue el punto de encuentro.

Cristina había entendido que con su caudal de votos no alcanzaba, que tenía un techo limitante, que debía compartir fórmula con alguien que no fuera un incondicional y que abriera las puertas a la reunificación peronista.

De Néstor

Alberto Fernández fue claramente un hombre de Néstor Kirchner, el que lo puso como su operador nacional para el armado político que lo hizo presidente en aquel singular proceso electoral de 2003.

Eduardo Valdés, un peronista porteño amigo de ambos y que luego fue embajador en el Vaticano y uno de los nexos del kirchnerismo con Francisco, fue quien los presentó en 1996.

Fernández venía de la militancia en el PJ de Capital Federal, era superintendente de Seguros de la Nación en el gobierno de Carlos Menem, había sido tentado para romper con el menemismo por Carlos “Chacho” Álvarez y su grupo de los 8 y no sólo se quedó en el peronismo sino que se sumó a listas de Cavallo en la elección porteña de 1995.

Antes había pasado en un cargo de tercera línea (subdirector de Asuntos Jurídicos del Ministerio de Economía) en la gestión de Raúl Alfonsín y fue también funcionario bonaerense de Eduardo Duhalde.

Pero el futuro presidente prefiere contar su historia desde Néstor Kirchner en adelante. En 2011, escribió Políticamente incorrecto, en homenaje al fallecido mandatario y que es una especie de biografía de ambos.

Por cosas de la vida y de la política, aquel libro estaba prácticamente perdido de las mesas de saldos de las librerías porteñas y en mayo de este año, cuando Cristina anunció a su compañero de fórmula, se transformó en un suceso editorial.

En el libro, Alberto Fernández deja claro su lealtad a Néstor Kirchner, con quien primero se reportaba en los ocho meses que fue jefe de Gabinete de Cristina Fernández.

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