Alison Van Uytvanck-Greet Minnen: la primera pareja de lesbianas en competir juntas en Wimbledon

«No somos enfermos, sólo somos gays», es la frase con la que busca inspirar la tenista Alison Van Uytvanck.

«Nos gustaría que la gente nos apoye, que nuestra historia se conozca y que esto ayude a aquellos que no se atreven», comentaba la originaria de Bélgica, de 25 años, con el All England como escenario y usando al torneo de Wimbledon como una enorme campana de resonancia para que «con ese apoyo, ayudar a que más personas salgan del closet».

De esta manera se presentaba en sociedad como dupla en el cuadro femenino y como pareja en la vida cotidiana de Greet Minnen (21 años), y se convirtieron en la primera dupla en declararse públicamente lesbianas y competir juntas en Wimbledon.

Su romance se conoció hace un año atrás en este mismo escenario, el All England, cuando por la segunda ronda del torneo de Wimbledon, van Uytvanck derrotaba en la cancha N°2 a la española Garbiñe Muguruza y, luego de saludar en la cancha a su rival, subió las escaleras de la platea y se fundió en un beso con su novia, la también belga Greet Minnen.

Ante un público sorprendido y las cámaras del mundo deportivo apuntándolas, dejaron explícita su relación y comenzaron su campaña pregonando la libertad de elección sexual.

En aquel momento, Van Uytvanck reconocía que se sentía feliz de como estaba, «no hay ninguna diferencia si alguien se enamora de un hombre o una mujer. No estoy enferma, simplemente soy gay».

Tenistas ambas, la historia de amor ahora las tiene más unidas. Se conocieron jugando tenis y empezaron a compartir torneos de single y, luego, jugando en pareja los certámenes de dobles femenino, que las llevó a ganar el torneo de Luxemburgo en 2018.

El tenis ha sido siempre uno de los deportes pioneros en demostraciones de liberación sobre actos de discriminación, guerras, persecución u opresión social. En los ’70, India se negó a disputar la final de Copa Davis ante Sudáfrica, como señal de protesta contra la política de apartheid del gobierno africano. La estadounidense Althea Gibson y su compatriota Arthur Ashe fueron víctimas de la discriminación racial en su país y, en algunos casos, dentro del deporte. Posteriormente, y siempre en el contexto de los ’70, el tenis dio muestras de ser uno de los canales elegidos para expresarse socialmente y le trasladó la presión al mundo con la aparición de Renée Richards, el primer deportista transexual en competir profesionalmente.

Desde los ’70, con la lucha en favor de la mujer de Billie Jean King, y apoyándose en el caso Richard, Martina Navratilova se reconoció gay y contrajo matrimonio, luego de conseguir la ciudadanía estadounidense, dado que temía por las represalias que pudiera tomar el gobierno soviético si lo hacía mientras aún tenía pasaporte checoslovaco.

Esta declaración de la múltiple campeona de Grand Slam, le abrió las puertas a otras jugadoras del mundo del tenis, como la francesa Amélie Mauresmo, quien se declaró lesbiana durante el Australian Open de 1999 (estaba en pareja con Sylvie Bourdon, dueña de un bar en St Tropez) y luego fue madre de dos hijos (Aaron y Ayla), en 2015 y 2017.

En aquel momento, los dichos discriminatorios o agresivos no llegaban sólo del lado masculino. Linsay Davenport llegó a decir que jugar contra ella era «como hacerlo ante un muchacho» y uno de los más fuertes comentarios llegó de los labios de Martina Hingis, quien dijo que «ella es medio hombre». Una frase homofóbica que mereció una disculpa, posterior, por parte de la suiza.

Pero todas las manifestaciones que se han conocido en el tenis han sido de mujeres y ninguno en el cuadro de caballeros de un torneo. «Pienso que hay muchos hombres homosexuales compitiendo a nivel profesional, pero creo que si yo fuera hombre se me dificultaría mucho más por eso del estereotipo», comentó Van Uytvanck, reconociendo que los sponsors podrían alejarse y eso le haría perder dinero.

El pensamiento de Alison no difiere demasiado con la realidad, no se ha dado ningún caso de que un jugador de ATP se haya declarado gay mientras competía profesionalmente. El único caso, y muy cercano en el tiempo en la era Open, es el del estadounidense Brian Vahaly, quien reconoció su homosexualidad en 2017, 10 años después de retirarse por problemas de su hombro.

El beso que hizo público el amor, en la edición 2018 de Wimbledon

Habría que navegar casi cien años en el túnel del tiempo para encontrar a dos figuras del tenis masculino declarados o reconocidos como gays.
El gran Bill Tilden, quien brillara en los años ’20, ganador de 10 torneos de Grand Slam y dominador del circuito por casi 10 temporadas, fue de los pioneros en afrontar y ocultar su homosexualidad. Frank DeFord, biógrafo del tenista estadounidense, escribió que la temprana pérdida de todos los seres queridos que sufrío Tilden, hasta los 19 años (tres hermanos mayores, la madre y el padre), lo llevó a «intentar recrear relaciones padre-hijo con ballboys o tenistas jóvenes».

De esas relaciones, la más conocida fue la que mantuvo con Vincent Richards, un joven tenista estadounidense, 10 años menor que él.
Otro ejemplo de la persecución homosexual y vinculada al tenis fue la del alemán Gottfried von Cramm, quien brilló en pleno apogeo de la era hitleriana. Cramm pudo llegar a cinco definiciones en torneos de Grand Slam y consiguió ganar Roland Garros en dos ocasiones. La primera de ellas, en 1934, fue la más celebrada por el régimen nazi, rindiéndole todos los honores por la significativa conquista. Sin embargo, el tenista no se quiso exponer a ser utilizado como propaganda del nazismo, quien lo quiso mostrar como un ejemplo de la raza aria.

Cuatro años después, el 5 de marzo de 1938, ese mismo gobierno lo arrestaría por la práctica inmoral de homosexualismo con el actor y cantante Manasse Herbst, relación que fue admitida por el tenista, por la que resultó condenado a un año de prisión.

La presión del resto de los tenistas, encabezada por Don Budge, y la del rey Gustaf V de Suecia, le permitieron a Cramm salir de prisión a los seis meses, pero los torneos de Queen’s y el US Open no le permitieron participar por ser un proscripto por razones reñidas con la moral. En 1940, el gobierno nazi no le permitió participar del torneo de Roma, porque sería humillante para cualquiera de sus compañeros una derrota ante él.

La historia de la evolución social se reescribe a diario y el tenis es uno de los canales de expresión más utilizados para hacerlo, en un deporte que inspira libertad para manifestarse.

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