América: Reynaldo Santana, el único rey que gobierna esta en Panamá

El monarca indígena, en el trono desde 2011, manda en un territorio de más de 160.000 hectáreas en la provincia de Bocas del Toro.

Alejado de la opulencia de las monarquías europeas y los imperios precolombinos, el último reino indígena de América resiste en las montañas de Panamá a pesar de la pérdida de sus tradiciones, la invasión de tierras y el avance de las hidroeléctricas.

El pequeño reino de los Naso, uno de los siete pueblos indígenas que existen hoy en Panamá, se asienta a orillas del río Teribe, en un territorio de 1.600 kilómetros cuadrados al oeste de Panamá, donde aún no ha llegado ni la luz ni el agua potable y mucho menos los hospitales o la cobertura telefónica. Acceder a ellas implica un viaje por caminos rurales y a través de ríos, que puede tomar casi 12 horas desde la capital del país.

El pueblo naso, no quiere “crear una república dentro de otra república” sino tener el control de las tierras que llevan habitando desde hace siglos, afirmó su máximo líder, el rey Reynaldo Alexis Santana.

El parlamento panameño aprobó el pasado 25 de octubre el proyecto de ley 656, que crea la Comarca Naso y que aún tiene que ser sancionado por el presidente del país, Juan Carlos Varela, para entrar en vigor.

“No queremos ser una república dentro de otra república y no vamos a desconocer ni al Gobierno ni a la Constitución. Nosotros somos panameños, pero queremos tener control sobre nuestras tierras”, afirmó.

La creación de la comarca, que si finalmente se oficializa sería la sexta del país, es una reivindicación histórica de este pueblo indígena que habita en las montañas del occidente de Panamá y que se rige desde hace siglos por una especie de monarquía asamblearia.

“Sabemos perfectamente lo que tenemos que hacer si Juan Carlos Varela no firma la ley. Los siete pueblos originarios de Panamá estamos muy coordinados y cerraremos las fronteras con Costa Rica y Colombia si no conseguimos nuestra comarca”, declaró.

El manejo de los bosques es lo que preocupa a los ambientalistas, que se han opuesto al proyecto legislativo, ya que la posible comarca abarcará más de 125.000 hectáreas del Parque Internacional La Amistad.

Ese parque es una exuberante reserva natural que forma parte del Corredor Biológico Mesoamericano y que fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1983.

Santana, cuya familia lleva reinando desde al menos dos siglos, se mostró convencido de que la demarcación del territorio traerá bienestar para el pueblo naso, integrado por cerca de 5.000 habitantes que viven desperdigados en una veintena de aldeas semi aisladas en las que no hay agua ni electricidad. La comarca, aseguró, también frenará la migración de los más jóvenes hacia las ciudades y la pérdida de las tradiciones.

“Ya quedan pocos jóvenes que hablan naso y casi ninguno conoce que nacimos de un grano de maíz”, lamenta Rosibel Quintero, una mujer de sonrisa fácil que viste el traje típico y que quiere construir un chamizo con penca de palma para hospedar a los escasos y aventureros turistas que se acercan al reino.

Los naso se dedican básicamente a la agricultura de subsistencia y venden el poco excedente que sacan de plátano, yuca y ñame en Chanquinola, la ciudad más cercana al reino aborigen.

Los naso tienen una de las culturas más singulares de Latinoamérica. El trono solía pasar de padres a hijos, pero desde hace unos años los propios súbditos son los que escogen al monarca entre los miembros de la familia real que decidan presentarse a las “elecciones”, entre las que también puede haber mujeres.

El actual rey compitió hace siete años contra un primo y un tío por la corona de plumas de águila y el cetro de cocobolo.

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