Argentina logro un triunfo pero no conformó a la gente

En el Monumental, la Selección superó 1-0 a los trasandinos con tanto de la “Pulga” de penal. Los de Bauza quedaron terceros en la tabla con 22 puntos. Si bien sacó tres puntos de oro para treparse a la tercera posición en las Eliminatorias, no mostró nada de juego.

Sin jugar bien, la Selección argentina le ganó 1-0 a Chile con gol de Messi, de penal, y quedó en zona de clasificación directa para el Mundial de Rusia 2018.

Argentina comenzó mostrando mucha presión e intensidad en los primeros minutos, siendo Agüero e Higuaín los primeros en hostigar la salida de Chile, más allá de que el Pipa también se tiró unos metros atrás para ofrecerse como alternativa en la elaboración del juego.

La imposibilidad del equipo de Pizzi para coordinar jugadas limpias desde su última línea se debió en gran parte a la concentración que tuvo la Selección para lograr ese cometido, fundamentado en la entrega y la solidaridad de sus jugadores de mitad de cancha hacia adelante.

Por supuesto, cada vez que la pelota pasó por Messi un presagio de felicidad rondó por el Monumental, como por ejemplo cuando con un pase largo, pero milimétrico, dejó solo a Di María que definió por arriba de Bravo, pero el arquero alcanzó a tocar la pelota en el borde del área grande para frustrar el primer grito de la noche.

A pesar de la chance dilapidada el momento llegó, su momento llegó, siempre parece que va a llegar y así fue. Mascherano habilitó de gran manera a Di María, que volvió a surcar el costado derecho de Chile y el ex Boca José Fuenzalida ¿tocó? al ‘Fideo’ en el área para que el árbitro Sandro Ricci sancionara penal. Y una vez más llegó el momento de Leo.

Se paró con seguridad ante Claudio Bravo, ex compañero en el Barcelona y tristemente viejo conocido de las finales de Copa América, y envolvió la pelota con esa zurda llena de magia para ponerla pegada al palo izquierdo y festejar el gol argentino que rompió la paridad y que valdría un triunfo clave.

El tanto trajo tranquilidad y paciencia, pero también una merma en la intensidad a la hora de presionar y algunos pelotazos inconducentes de Rojo y Otamendi para Higuaín o Agüero, quien pareció algo desconectado del equipo por momentos.

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