Condenaron a un empleado municipal y su mujer porque abusaba de niños

Las víctimas eran hijos de la mujer y eran abusadas por el hombre, un empleado municipal y practicante de ritos umbanda. Él recibió 15 años de prisión y ella 10. Los hechos ocurrieron en una casa de la Cuarta a principios de esta década.

Una dura pena recayó sobre la pareja que abusaba de los dos hijos de la mujer durante la practica de ritos umbanda. El hombre, un empleado de la Municipalidad de Capital, fue condenado a 15 años de prisión, en tanto que para la madre de los menores, asistente de un geriátrico, la pena fue de 10 años de cárcel.

El sentencia para M.F. y su pareja, M.M. -los nombres se reservan para proteger la identidad de los menores- fue dictada por la Segunda Cámara del Crimen -conformada por los jueces Roberto Uliarte, Ariel Spektor y Rafael Escot– tras una breve deliberación.

Los magistrados siguieron el pedido realizado durante los alegatos por el el fiscal Dario Tagua, al cual adhirieron también los abogados defensores.

El hombre fue condenado por el delito de abuso sexual reiterado, con acceso carnal agravado por la situación de convivencia, y también por corrupción de menores agravada por la convivencia. En cambio, la mujer sólo fue juzgada por corrupción de menores agravada por el vínculo.

Poseído por espíritus

Durante el debate, que se realizó a puertas cerradas por ser un delito de instancia privada, la mujer se mostró como una persona «ida, ausente, como si no tuviera voluntad», contaron fuentes judiciales a los medios de Mendoza.

En cambio, el hombre, si bien no admitió el hecho plenamente, dijo haber estado bajo la extraña influencia de «espíritus» que, según sus creencias -el rito afrobrasileño umbanda- pueden ser «buenos o malos».  De esta forma, sostuvo que habría actuado bajo la voluntad de esas entidades espirituales.

Ya en el plano de la realidad, los abusos comenzaron en 2011, cuando el municipal umbanda una tarde en que la hija de su pareja se estaba duchando, entró al baño y comenzó a abusarla, diciéndole que «la iba a curar».

Unos meses antes el hombre se había ido a vivir a la casa de la mujer, quien tiene unos 10 años más que el municipal y dos hijos, que en esa época eran muy chicos:  la nena tenía 12 y el nene 11.

Durante la investigación la niña les explicó a los psicólogos que el padrastro la violaba de manera regular. Le decía que la «tenía que purificar» y que si contaba lo sucedido vendría su padre biológico y se la llevaría.

Más tarde, los encuentros sexuales entre el empleado municipal y la niña comenzaron a ser presenciados por el pequeño hermano de la víctima (era obligado a hacerlo).

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