Desde el anonimato para muchos un ser humano querido, respetado y valorado por todo el plantel

Eduardo Narváez; nacido un 6 de Enero de 1952, en ese entonces pueblito de Fraile Pintado, creció y vivió al frente de la cancha del Defensores. Debuto a los 15 años con la camiseta del Tomatero y unas zapatillas flecha, contra el Club Atlético Pellegrini (Salta).

Los hermanos Narváez son 5 y él es el mayor, trabajo en la quinta desde joven, como tantos otros fraileños, cuando firmo por primera vez y quedo fichado como jugador para el «Defe» la dirigencia en ese entonces. le «pagaron con un tarrito de maní», así menciono «Quique Narváez» a este medio radial.

A puro potrero, como casi todos los chicos de su generación. No existía Baby Futbol, ni Escuelita de Futbol y mucho menos Inferiores.  Y por algo será que el «Quique» (u Ocote), llevó tatuado el N°4 del Tomatero por más de 15 años. Su espíritu de equipo, su humildad y su entrega cada domingo, lo hicieron insustituible.

Su hábitat fueron las viejas canchas de Liga Ledesmense y después de Liga Regional (tras la unión con la Liga del Ramal) en ellas desplegó su juego: Clausuraba su lateral, colaboraba en la marca del medio campo y de pronto arrancaba en velocidad, transformándose en otro «Wing», impresionante.

Recibió elogios del mítico DT de la época dorada de At. Ledesma: Don Ángel Tulio Zoff. Integrante del dream team Tomatero más recordado: Pedro Arraya, Arecio García, chingolo Cruz, coya Cayo, lenguaráz Gómez, etc. Esos que sin entrenar jugaban «de memoria».

Orgulloso campeón del Torneo Preparación (1974) tras la final contra Central Norte de San Pedro en el «Sembinelli». Es justo decir que Narváez nunca «colgó los botines», seguidor e hincha incondicional.

Aguatero, masajista…siempre con «Defe». Nunca callará su voz de aliento para todos, o ese silbido avisando que se despegaba de la defensa, su perfil bajo.

No hizo goles, pero gracias a su infatigable trajín hizo hacer muchos. Siempre «Quique» anulando al wing, arrancando en velocidad.

Desde hace 27 años en el evangelio, llevando la palabra del señor y llegando a lugares menos pensado, como en la intimidad del vestuario Tomatero, para leer una porción de las santas escrituras, «La Biblia». Siendo escuchado, por su DT, respetado por los jugadores, valorado por la dirigencia y acompañado por sus compañero los utileros.

Entonces llego a la conclusión que «Quique» siempre es recordado por todos los fraileños y por aquellos que tuvieron la dicha de conocerlo viniendo desde otro lugar que no sea la ciudad Tomatera, por eso «con la pelota, sin la pelota, con el botiquín o con el bidón…siempre, pero siempre será Narváez».

Mirá el emotivo vídeo en el vestuario el pasado sábado:

 

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