Furiosa por su procesamiento, se descargó en la redes sociales, Cristina Fernández de Kirchner

Le apuntó a Ercolini, a Bonadio y al flamante ministro de Hacienda, Dujovne. Dijo que la “asociación ilícita” es una figura de la dictadura.

La ex presidenta Cristina Fernández fustigó hoy al juez federal Julián Ercolini, que dictó su procesamiento en un presunto caso de corrupción, al afirmar que «la asociación ilícita fue la figura penal creada por los gobiernos de facto» para «perseguir dirigentes opositores».

De esta manera, la ex mandataria salió al cruce de la resolución adoptada por el magistrado que la procesó considerarla presunta coautora de «asociación ilícita» y «administración fraudulenta», en la causa sobre direccionamiento de la obra pública.

«Ercolini, con esposa vocera del ministro de Justicia macrista, en una causa que lleva más de 8 años en su juzgado ahora dice que nuestros Gobiernos constitucionales fueron asociaciones ilícitas», dijo en referencia a Julia Kenny, que se desempeña como asesora de Comunicación de la cartera que encabeza Germán Garavano.

A través de su cuenta en la red social Twitter, la ex presidenta se defendió de lo dispuesto por el juez Ercolini y, en este contexto, remarcó que «la asociación ilícita fue la figura penal creada por los gobiernos de facto y utilizada por todas las dictaduras para perseguir dirigentes opositores».

En su mensaje, Cristina Fernández enumeró distintos hechos políticos como la renuncia del ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat-Gay, hasta la designación de Nicolás Dujovne, de quien según reveló «no se le conoce CUIT de AFIP» por su consultora sobre temas macroeconómicos y financieros.

«En Argentina pasamos la primera Navidad con presos políticos desde el inicio de la democracia», apuntó la ex presidenta en referencia al caso de la dirigente social Milagro Sala, detenida en Jujuy por distintas causas.

Fernández citó al escritor José Saramago para indicar que «el verdadero poder no se muestra y no va a elecciones. Nadie lo elige y no le gusta que lo nombren ni que lo señalen con el dedo». «Y eso fue lo que se hizo durante una década: Mostrar lo que no podía ser mostrado, juzgar lo que no podía ser juzgado, decir lo que estaba prohibido mencionar. Hacerlo tiene un costo. Nada es gratisà», agregó.

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