La historia de la radióloga que adoptó al bebé prematuro que atendió en el Santojanni

La mamá biológica lo abandonó después de darlo a luz y la conexión con Andrea fue instantánea. Logró la adopción en marzo de 2017.

Cuando Juanchi se tranquilizó sobre el pecho de Andrea, la conexión entre ambos trascendió la sala de la terapia intensiva del Hospital Santojanni. Él tenía apenas 15 días, era un bebé prematuro que sufría algunos paros respiratorios, pero lograba sobrevivir. Su madre biológica se había ido al día siguiente de parirlo. Cuando Juanchi peleaba por su vida, Andrea, técnica radióloga del hospital, lo atendió y algo en ella le dijo que ese bebé no sería un paciente más.

«Entré a hacerle la placa y se movía mucho. Le pusimos las manitos adentro de la ropa y logramos estabilizarlo. Cuando supe su historia, quise alzarlo un ratito. Entonces se quedó dormido sobre mi pecho y me compró», dijo Andrea Ferrari Zapatero, de 37 años, quien en ese entonces no planeaba ser madre.

Juanchi hoy tiene cuatro años, goza de salud y de un amor inesperado. «Estaba soltera, vivía en Villa Luro y había estudiado radiología para aplicarlo a la veterinaria. Por una cosa o por otra, había terminado trabajando en el hospital», relató Andrea.

Después de tres meses de pelearla en terapia intensiva, Juanchi pasó a terapia intermedia, y desde entonces Andrea pudo tener más contacto con él. «Le pasaba la leche con jeringa y lo cambiaba. Además, lloró conmigo por primera vez. Todo un hito. Tenía cuatro meses de vida y no había llorado nunca», contó.

Después de seis meses de estar internado, a Juanchi le dieron el alta en el Santojanni y, como su caso estaba judicializado, se fue a un hogar en Avellaneda. Andrea insistió hasta averiguar dónde estaba y para verlo se anotó como Referente Afectivo en el programa Abrazar del Gobierno de la Ciudad. Lo visitaba tres veces por semana.

En marzo de 2017 pidió la guarda con fines de adopción. Era consciente de que podían negársela y sacarle definitivamente a Juanchi. Sin embargo, en octubre, cuando Andrea rezaba para que le otorgaran la guarda preadoptiva, la llamaron del juzgado para decirle que tenía la adopción.

«Yo no entendía. ‘Ya está. Vamos a festejar’, me dijo la secretaria del juzgado. Cuando veo el escrito, la tutora legal, que era muy estricta, había puesto que considerando el tiempo que yo había cuidado de Juanchi, no hacía falta la preadoptiva. Pero, además -cuenta entre lágrimas- ordenaba que a Juanchi le pusieran inmediatamente mi apellido: Ferrari Zapatero«.

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