¿Por qué los bostezos son contagiosos?

El adulto promedio bosteza 20 veces al día y puede sentir la necesidad de hacerlo después de ver, escuchar o simplemente pensar que alguien más lo está haciendo. Cuando siente que se avecina un bostezo puede ser casi imposible que lo reprima.


Si bien no hay consenso científico sobre por qué bostezamos, una teoría sostiene que cuando los humanos están cansados, dejamos de respirar profundamente, lo que provoca una acumulación de dióxido de carbono en el cuerpo.

Para Douglas Parham, científico y profesor asociado en el Departamento de Ciencias de la Comunicación y Trastornos de la Universidad Estatal de Wichita, un bostezo podría ser un tipo especial de respiración que acumula oxígeno rápidamente, mientras expulsa dióxido de carbono, incluso más que una respiración profunda.

El exceso de dióxido de carbono y otros cambios químicos, como una caída de oxígeno o un aumento en un compuesto llamado adenosina, también podrían actuar como «puertas de bostezo». Estos productos químicos envían una señal que provoca un bostezo. Al bostezar, comprimimos los músculos de la cara, llevando sangre enriquecida con oxígeno al cerebro.

Otras teorías afirman que el propósito de bostezar es enfriar el cerebro o estirar los órganos internos como los tejidos y los pulmones, lo que ayuda al cuerpo a animarse. «A pesar de ser una parte fundamental de nuestras vidas, la información sobre bostezos es escasa», aseveró Thomas Scammell, neurólogo de la Escuela de Medicina de Harvard que estudia el sueño.

Se trata de un reflejo primitivo entre muchos animales que se origina en el tronco cerebral. Debido a que el de los humanos es similar al de otros mamíferos (y también a las aves y los reptiles), tiene sentido que la mayoría de los animales bostecen. De hecho, los pájaros, reptiles, mamíferos y algunos tiburones pueden bostezar, y los animales con cerebros más grandes tienden a bostezar por más tiempo.

Los perros en realidad se contagian de los seres humanos, no de otros perros, lo que sugiere que podría ser algo que hayan detectado solo después de que comenzamos a criarlos para que sean más amigables con los humanos.

Si bien los bostezos siguen siendo misteriosos, el factor del contagio no lo es. Según un estudio realizado por la Universidad de Maryland después de ver a alguien bostezar la probabilidad de hacerlo aumenta seis veces.

Para los expertos, podría tratarse de un fenómeno llamado reflejo social, un comportamiento vinculado a neuronas espejo en el cerebro, donde los organismos imitan las acciones de otros. Otros comportamientos entran en esta categoría, como rascarse, cruzar las piernas y reírse.

Es común que los animales sociales, como los humanos, se copien entre sí para adaptarse a los comportamientos, especialmente cuando ese comportamiento es algo que podría ser útil para su supervivencia. Es por eso que algunas investigaciones se centran en si el bostezo contagioso está relacionado con la empatía o en nuestra capacidad para comprender y compartir lo que otras personas están sintiendo.

«La empatía puede definirse por la capacidad de comprender, compartir y verse afectado por los estados o las emociones de los demás. Entonces, si ver a alguien bostezar le hace bostezar en respuesta, esta acción podría ubicarse dentro de una categoría de empatía», explicó Andrew C. Gallup, profesor asistente de psicología en el Instituto Politécnico SUNY en Utica, Nueva York. Algunos estudios buscan develar si las personas y los animales con más empatía tienen más probabilidades de contraer bostezos. Pero Gallup, quien ha investigado el hábito por más de 10 años, sostiene que se necesita más estudio para estar seguro.

Es posible que un bostezo (una gran inhalación y un estiramiento en sus tímpanos, seguido de una gran exhalación) sirva para enfriar el cerebro u otras partes de su cuerpo. También podría tener algo que ver con la regulación de la cantidad de oxígeno en sangre. Incluso podría ser un reflejo que sirva para mantener el cuerpo alertacuando uno está cansado o distraído.

«Hay una serie de otros comportamientos que son contagiosos, como la risa y la picazón», aseveró Gallup. «Al igual que el bostezo, estas respuestas pueden activarse de manera confiable al hacer que los participantes vean videos de otras personas que los realizan».

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