Schumacher, el legado

Mick Schumacher, el hijo del legendario campeón del mundo fue confirmado como piloto de la escudería Haas, en la máxima categoría del automovilismo durante 2021. Una familia marcada por la velocidad.

El rugir de los motores, las banderas que se agitan en las gradas y las intrépidas maniobras de veinte pilotos luchando por la gloria, son más que suficientes para despertar la emoción de los amantes de la Fórmula 1. Un espectáculo marcado por el vértigo y la adrenalina que se destaca por las hazañas de sus protagonistas, hombres que desafían todos los límites con tal de terminar la jornada en lo más alto del podio, cubiertos de champaña. En ese mundo, pocos corredores lograron conquistar la admiración de fanáticos y oponentes como lo hizo el alemán Michael Schumacher.

A ocho años de su última carrera, la leyenda del siete veces campeón del mundo sumará un nuevo capítulo: su hijo Mick, de 21 años, tendrá su ansiado debut en la categoría. El mundo del automovilismo sigue de cerca los pasos de esta promesa, que carga sobre sus hombros con la presión de estar a la altura de su apellido. Aunque la comparación sea injusta, es casi imposible verlo en las pistas sin recordar los extraordinarios logros de su padre.

«Schumi», el piloto más ganador de la historia. 

El primer título de Michael Schumacher, en 1994, fue significativo por muchas razones. Hasta ese momento, ningún alemán se había quedado con el Mundial de pilotos, y también fue un logro inédito para su escudería, Benetton. Además, su consagración llegó pocos meses después de la trágica carrera de Imola, recordada por el accidente que le costó la vida al mítico Ayrton Senna, a quien Schumacher le dedicó el título. En una temporada triste, su aparición en escena se sintió como una brisa de aire fresco, que cautivó a los fanáticos del deporte.

Lejos del estereotipo del alemán frío y calculador, “Schumi” se destacaba por su carisma y fiereza a la hora de competir. Era un piloto arriesgado, corajudo, protagonista de muchos momentos épicos que completaron un perfil sumamente atractivo para el público. Su origen humilde permitía que los seguidores se identificaran con él, y su figura se agrandó aún más cuando consiguió el bicampeonato con apenas 26 años. El rendimiento demostrado en Benetton le permitió vestirse de rojo y dar el salto a la escudería más importante del planeta, donde escribió las páginas doradas de su historia.

Sus primeros festejos los tuvo en Benetton.

Cuando Schumacher llegó a Ferrari, los italianos atravesaban una larga sequía de títulos, tras más de diez años sin ganar el mundial de constructores y casi veinte sin que uno de sus pilotos se llevara la corona al final de la temporada. Con un auto que no podía hacerle frente a los de Williams y McLaren, la tradicional escudería de Maranello encontró en las manos del “Kaiser” a un verdadero salvador. Carrera a carrera, el alemán levantó el nivel de un equipo que venía golpeado y el cambio de siglo marcó el inicio de una nueva era en el automovilismo.

A bordo de un modelo nuevo y moderno, el F1-2000, Schumacher ganó el Mundial de pilotos que se le había negado a Ferrari por más de dos décadas. En los años venideros, su desempeño alcanzó niveles cercanos a la perfección técnica y terminó conquistando cinco campeonatos al hilo, un récord sin precedentes en la Fórmula 1. Con siete títulos en sus vitrinas, “Schumi” superó las marcas de gigantes como Ayrton Senna, Alain Prost y Juan Manuel Fangio, convirtiéndose en el piloto más ganador de todos los tiempos.

Schumacher dejó una huella imborrable en Ferrari.

Se retiró de las pistas a los 43 años, conduciendo para McLaren, cuando ya no le quedaba nada por demostrar: los récords de carreras disputadas, victorias, poles, podios y vueltas rápidas llevaban su firma. Decidido a disfrutar de un merecido descanso, se alejó de los reflectores dejando un vacío enorme en Ferrari, que no volvería a ser lo mismo sin él al volante. Lo que nadie podía vaticinar en aquel entonces es que su vida también cambiaría para siempre.

Luego de pasar 21 años de su vida manejando a cientos de kilómetros por hora sin tener ningún accidente grave, la desgracia lo alcanzó en el momento menos pensado. El 29 de diciembre de 2013, de vacaciones con su familia en los Alpes franceses, el alemán se cayó mientras esquiaba, con la mala fortuna de que su cabeza impactó de lleno contra una roca oculta por la nieve. Sufrió un traumatismo de cráneo que lo dejó varios meses en coma, y que le dejó consecuencias muy duras por el resto de sus días. Su familia jamás reveló detalles sobre su estado de salud, pero lo concreto es que no volvió a aparecer en público desde entonces. Los únicos que saben cómo está son sus afectos más cercanos, su esposa Corinna y sus dos hijos, Gina y Mick Schumacher.

El hijo del piloto lleva varios años compitiendo.

Mick tenía 14 años cuando presenció el accidente, y por ese entonces ya estaba perdidamente enamorado de las carreras. Creció mirando a su papá y a su tío Ralph en la Fórmula 1 y soñaba con ser como ellos cuando fuera mayor. No le gustaba perder en nada, y cuando era chico competía usando el apellido de su mamá, para no recibir ningún trato especial por el hecho de ser un Schumacher. Cuando se animó a correr con su nombre real tuvo que aprender a convivir con las miradas ajenas, pero nada lo detuvo. Ganó la Fórmula 3 Europea en el 2018 y la presión aumentó una temporada más tarde, cuando se sumó a la Academia de Pilotos de Ferrari. La primera vez que vistió el traje rojo de la escudería italiana, se sintió orgulloso por seguir los pasos de su padre.

El legendario Michael Schumacher marcó un antes y un después en el deporte: ahora, su hijo Mick se enfrenta al enorme desafío de continuar con su legado.

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