Venezuela: Cómo se vive en Caracas, asediada por las protestas en una ciudad convulsionada

Mientras Maduro busca una nueva Constitución, manifestaciones e inseguridad espantan a los ciudadanos que necesitan seguir trabajando.

Bolsas de basura y troncos de árboles bloquean el paso. Luis Guillermo Pérez da vuelta al bus que conduce para ganarse la vida, buscando vías alternas, en otro día de protestas que trastorna la ya agobiante cotidianidad de los venezolanos.

A primeras horas de la mañana de este martes, cientos de manifestantes bloquearon calles y avenidas en Caracas y otras ciudades, en rechazo a la Asamblea Constituyente «popular» que anunció el lunes el presidente Nicolás Maduro para redactar una nueva Constitución.

«He tenido que hacer malabares para trabajar y los pasajeros se suben tensos», cuenta Pérez, de 52 años, al volante de su autobús. Venezuela vive, desde el 1 de abril, una oleada de manifestaciones opositoras que exigen convocar elecciones generales y que han derivado en disturbios que dejan 28 muertos y centenares de heridos.

Bombas lacrimógenas y piedras vuelan, y transitar Caracas se convierte en un lío. El Metro, gestionado por el Estado, alega «razones de seguridad» para cerrar la mayoría de sus estaciones los días de marchas de opositores, quienes aseguran que ello sólo busca mermar sus convocatorias.

Este martes, en las calles se veían automóviles a contraflujo y ríos de peatones que se trasladaban a sus trabajos, aunque al menos el subterráneo funcionó. Los atolladeros de autos fueron convocados por la oposición al denunciar como «un golpe de Estado» la propuesta de Constituyente, cuyos 500 asambleístas no serán elegidos por sufragio universal, sino por sectores sociales y por comunidades.

El tormento diario

La crispación coincide con un colapso económico, reflejado en una inflación que el FMI proyecta en 720% para 2017, la más alta del mundo, y una severa escasez de alimentos básicos y medicinas.

«Costó trasladarse al trabajo (por los bloqueos), pero ellos protestan porque Maduro está haciendo las cosas mal», declaró Carlos García, carpintero de 33 años que vive en el barrio 23 de Enero -sector humilde del oeste de Caracas- mientras iba a pie.

Caminaba también David Ramos, obrero de 58 años: «Normalmente tardo media hora para llegar al trabajo. Hoy, como dos horas, pero hay que protestar. Ya está bueno, no hay comida, no hay medicinas», comentó.

Mientras sigue dando vueltas en su colectivo, Pérez se queja: «¿Cómo van a estar bloqueando todo? Piden libertad y violan el libre tránsito. La gente anda en zozobra», expresa el transportista, quien apoya al gobierno socialista.

«¡Cuidado ahora le queman el autobús porque es chavista! Esta gente lo que quiere es tumbar a Maduro», dice una mujer a bordo. Y un hombre le replica: «Señora, ¿en qué país vive? Venezuela es un desastre».

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