Ya se debate si se debe seguir respetando la ortografía

Los chats y las redes sociales muestran cada vez más que las reglas ortográficas están pasando al olvido. Hasta hay lingüistas que aconsejan “ablandarlas”, aunque otros defienden su buen uso.

Algunos rotulan los excesos de la mala ortografía como una característica de los tiempos que corren, al relacionarlo directamente con la “liviandad” que en épocas de posmodernidad se cuela en otros planos de la vida social.

Otros, directamente sostienen que es fundamental poner un freno al fenómeno como un modo de preservar la lengua castellana.

Lo cierto es que el hecho de escribir “como salga”, sin respetar acentos, pasar por alto la H, reemplazar la Q por la K o escribir por igual “casa” y “caza” -entre otros errores- es una práctica cada vez más común.

De hecho, la tendencia a expresarse por fuera de lo establecido por el propio idioma castellano también es alimentada por algunos teóricos de las letras.

Entonces, la pregunta se dispara: ¿es necesario respetar la ortografía? Los especialistas dedicados al estudio de las letras, el lenguaje y su uso en diferentes contextos, comparten -desde posturas más o menos flexibles respecto del tema- que la estructura de la lengua sí debe ser respetada y que las reglas ortográficas guardan una finalidad: evitar deformaciones dentro de la lengua para entregar a las generaciones futuras una lengua madre con sus límites bien definidos.

Sobre el concepto de “conciencia ortográfica”, considera que dentro del idioma hay reglas que es necesario aprender desde edades tempranas e incorporarlas para el resto de la vida.

En un contexto donde la lengua escrita pierde terreno frente a las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías, el desafío es grande, agrega Castro Santander, y expresa que “no podemos escribir como se nos dé la gana, porque hay reglas y consignas establecidas por la Real Academia Española”.

Desde su punto de vista, el hecho de pensar “escribo como me sale, si total me van a entender” no es un argumento válido. Dice que en realidad, esta posición está ligada a una anomia social que predomina en este siglo.

«A mayor riqueza de palabras, mayor es la posibilidad de una persona para expresarse. Lo que ocurre en la realidad es exactamente lo contrario”, lamenta y agrega que el desafío en las escuelas es justamente evitar que esto ocurra.

Cuidar el lenguaje

Para Daniel Israel, especialista en psicolingüística, al momento de expresarse la ortografía, en comparación con elementos fundamentales como la cohesión y la concordancia, juega un papel más superficial dentro de un determinado texto.

“Es un deber de todos los usuarios cuidar del lenguaje”, considera el experto para quien el predominio de la oralidad por encima del código escrito es una realidad de esta época. Las personas, en general, cada vez escriben menos en su vida cotidiana, analiza.

De hecho, sostiene que a través de los chats de Facebook o Whatsapp -por mencionar algunos ejemplos- surgen nuevas reglas al comunicarse.

En ese sentido, comparte su propuesta para los docentes. Menciona, por ejemplo, que un ejercicio efectivo para practicar en clase con los alumnos puede ser que, tomando como referencia una determinada charla o comentario presente en estas redes sociales, los alumnos la vuelvan a escribir de manera correcta.

En las aulas, detallan los docentes, la modalidad de escribir sin respetar la ortografía es común por parte de los alumnos.

“Los chicos en general tienen muy mala ortografía y creen que el diccionario es un elemento innecesario. En muchos casos tampoco se dan cuenta de que el sentido de una palabra puede ser diferente según cómo se escriba”, concluye la docente.

¿Para ke cirbe la hortographía?

Karina Galperín es profesora de la Universidad Torcuato Di Tella y experta en Letras. Desde hace tiempo viene difundiendo su teoría de simplificación de la lengua, a través de la que sostiene que “hay una valoración desmesurada de la ortografía como índice”.

Incluso asegura que “eliminar letras que no sirven, cuya función se superpone con la de otras, ya se hizo. Y estamos bien”. Así justifica por qué promueve dejar de usar la H muda desde Twitter con el hashtag #VamosConLaH.

En una charla TED que tiene miles de visualizaciones en internet, sugiere para esta “nueba ortografía” empezar con 4 modificaciones: eliminar la H muda (acer, ablar, acia, zanaoria, ermoso); elegir una entre la V y la B y eliminar la otra, porque no se pronuncian distinto; dividir las funciones de G y J (el sonido suave para la G -gato, amargo, gusto- y el sonido ápero para la J -elejir, jente, jirafa, Arjentina-); y elegir dos entre C, S y Z para las dos funciones que cumplen estas letras, porque nunca cumplen tres.

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